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Asunto:Re: [Foro-CEJA] Para su Comenatrio y Difusión.
Fecha:Viernes, 26 de Agosto, 2005  13:17:57 (-0500)
Autor:Leonardo Hernández Walker <LeoHernandez @.........ec>
En respuesta a:Mensaje 130 (escrito por Leonardo Hernández Walker)



LA DINASTIA DE TOGA.







El "Poder Judicial", no sólo en Ecuador, sino en todos los países de
Latinoamérica, conserva intacta hasta hoy, la misma estructura piramidal que
la monarquía española le impuso a las Reales Audiencias hace ya más de 500
años. En esta estructura, los nombramientos y el respectivo funcionamiento,
fueron diseñados para responder a los intereses de la corona, articulando
particulares relaciones de poder y de dependencia con los jueces de rango
inferior, quienes en definitiva solo producían "borradores" de sentencia,
sujetas a modificación por los niveles jerárquicos superiores.



Para el habitante de las indias, la administración de justicia fue siempre
una institución completamente ajena, tanto en su constitución, su
funcionamiento y su normativa; y de carácter eminentemente represivo.
Además, apoyada sólidamente y durante 300 años, por el equivalente
contemporáneo de la GESTAPO: la Santa Inquisición.



Hasta nuestros días persiste el temor reverente a la justicia monárquica,
que se exterioriza cuando a cualquier persona se la amenaza con la simple
advertencia de "te voy a enjuiciar", asumiendo el amanazado la condena; a
través de los abyectos "rogatorios",  o "petitorios" y "súplicas", dirigidos
a "su señoría"; en los absurdos ceremoniales; en la desmesurada atención a
los formulismos del "expediente", que al final termina siendo el único
objeto del juicio, y en donde el procesado como ser humano no tiene
importancia y su existencia es reducida a simples actas.



Producida la Independencia de España, el esfuerzo de nuestros primeros
gobernantes se concentró en la institucionalización de la República
Democrática (al estilo francés) como modelo político administrativo, pero
que replicó los mismos errores en el ámbito de la Justicia.



Si en Francia luego de la Revolución, los esfuerzos se focalizaron en el
funcionamiento del ejecutivo y el legislativo, -dejando de lado la
transformación republicana de la justicia eminentemente monárquica, que
llevó finalmente al parlamento francés a crear una Corte de Casación
(dependiente del legislativo) para auditar los corruptos procesos judiciales
resueltos por la "aristocracia de toga"-, en Latinoamérica se repitió el
mismo fenómeno. La Justicia no formó parte de la agenda republicana, y
continúa hasta nuestros días funcionando bajo los mismos principios
monárquicos.



La crisis actual de nuestro sistema de justicia es una manifestación no
suficientemente explícita de la pugna por la transformación del modelo
monárquico a un modelo republicano.



En el modelo republicano, las autoridades son elegidas de entre los
ciudadanos; son producto de la voluntad popular; están sometidas al
principio de responsabilidad y a la rendición de cuentas; a una permanente
evaluación de su desempeño; y son reemplazables en forma periódica o cuando
pierden legitimidad.



En el modelo monárquico, las autoridades de justicia son "nominadas" y
"designadas" por "el poder constituido" (en otras épocas el Rey); no existe
participación de la ciudadanía en su selección; los nombramientos son
vitalicios o sin período fijo; no existen mecanismos de evaluación; y están
exentos de responsabilidad. Constituyen de esta forma una casta, o intocable
y perdurable "dinastía de toga".



A la luz de estos elementos de análisis, es explicable la naturaleza del
conflicto.



Los representantes de esa "dinastía de toga", tendrán un discurso que
responde fielmente a una formación, prácticas y valores de características
monárquicas, y desde su legítimo punto de vista, constituirá una herejía el
que algunos actores de fuera de su linaje se atrevan a proponer
transformaciones a "su" sistema de justicia, o a intentar entrometerse en la
selección de autoridades, y obviamente habrá que descalificarlos,
enjuiciarlos, y si fuese posible someterlos a la hoguera.



Los que están en la posición contraria y esgrimiendo principios
republicanos, tienen a su vez todo el derecho de promover una transformación
estructural, que sobrepasa el ámbito de lo puramente técnico, ya que al
haber perdedores y ganadores, el conflicto entra en el ámbito de lo
político. Y es allí donde finalmente será resuelto, pero esta vez con la
participación y bajo el impulso de las Organizaciones de la Sociedad Civil.
(recomiendo visitar la página www.finjus.org.do)



Como lo expresa acertadamente el Dr. Alberto Binder en su reciente
publicación De las Repúblicas Aéreas al Estado de Derecho (Editorial AdHoc,
Argentina, 2004), "El verdadero desafío de la reforma judicial en el siglo
XXI, es la sustitución de la justicia monárquica por una justicia
republicana"



Quito, 26 de Agosto del 2005.







Leonardo Hernández Walker, MBA, MPA

Presidente Ejecutivo

Fundación Lexis Ecuador

leohernandez@lexis.com.ec



 

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